miércoles, 7 de octubre de 2015

LUNES 05

"La Bailarina o las voces se entrecruzan y dialogan"

Esta creación es de Paulina Mellado. Está inspirada en el poema "La bailarina" de Gabriela Mistral.

"La bailarina ahora está danzando
la danza del perder cuanto tenía(...)

(...)Sin nombre, raza ni credo, desnuda
de todo y de sí misma, da su entrega,
hermosa y pura, de pies voladores.
Sacudida como árbol y en el centro
de la tornada, vuelta testimonio.

(...) Sonámbula, mudada en lo que odia,
sigue danzando sin saberse ajena
sus muecas aventando y recogiendo
jadeadora de nuestro jadeo,
cortando el aire que no la refresca
única y torbellino, vil y pura.

Esta es segunda vez que la veo. Y me doy cuenta lo mucho que disfruto ver cuerpo adultos en la danza. La compañía de la Paulina Mellado por lo que entiendo solo hay una bailarina, la Marcela Retamales, el resto son actrices y actores. Y son todos grandes, deben tener en su mayoría alrededor de los 40. 
Son cuerpos sabios al moverse. 
Y no importa la técnica en este caso (ahora me pregunto si en algún caso sí lo hace), pues cómo logra este grupo de personas mantenerte atento, a lo pequeño, a sus rostros, a lo divertido, a lo raro, a lo chistoso o ridículo de las posiciones que hacen. Es magnífico ver algo de danza, desarrollado por cuerpo adultos que entienden bien cuánto poner en escena, y cómo. Por que en realidad, no es necesario azotarse, darlo todo no significa hacerlo mejor que todos, levantar más las piernas, o incluso pasar nuestras propias barreras en la escena, en mi caso, irme de lo real y entrar en otro estado (¡Siendo que es muy real todo! ¡Basta de eso Dani!)

Ellos saben cuánto, y no necesitan más que eso, porque saben que con eso se ve algo, por mínimo que sea, se ve algo.
Los estamos viendo todo el tiempo, porque saben cuánto.
Saben cómo, porque no se desbordan, no titubean, lo entienden, saben que es para otros, están allí todo el tiempo, no se pasan películas ( o quizá sí pero lo resuelven bien, no se van)
La Paulina decía en clase "te vas a la China, porque te gusta tanto tanto bailar", y sí, entendía a qué se refería, porque yo me estaba pasando películas, que según yo eran muy reales, su piel, mi piel, la respiración. Pero igual te puedes ir a la China en eso tan real, por que al final era poesía para mí todo eso, nunca fue tan sólo piel, o tan sólo respiración.

Hay una escena muy bella dónde están bajo esos soportes, que son como mesas, y encienden unas luces, entonces se ven iluminados, y es como un sueño. Es media mágica esa parte, y me pregunto que rollo se estará pasando cada uno en ese momento, una mueve las manos, la otra se despega un poco del piso, a la otra ni se le ve la cara pero se está moviendo, más al fondo hay dos bajo ese soporte y como que se molestan. Esa escena es como un descanso, que me pasa con varias obras de danza que he visto, es esa escena donde lo que está pasando te permite relajar la psiqui un rato, porque es bella. Hay varios solos debajo de las mesas, entonces uno se reconoce igual en eso, uno solo, porque en casi toda la obra están constantemente interactuando. 
Me gusta mucho esa escena.

Hay otra parte que te mueve mucho. Aparte que la Marcela es seca interpretando, está loca además. En esa escena ella está como discutiendo (danzando) con un hombre, como que se van a besar, pero no, uno y luego el otro. Uno avanza y luego el otro. Lo bonito es cuando señalan con el índice partes del cuerpo del otro. Imagina, te apunto: mira esto que tienes aquí (señalando el pecho), mira esto (la rodilla)... ¡mírate!


Y esta empieza con una voz en OFF diciendo varias palabras con la R... Rata, rata rusia, rata rusia la rata (...)

Y yo me acuerdo de el abrapalabras: el Ratón Remigio Rema Río abajo llevando una Rosa Roja, a su Ratita Risueña.

Esta segunda vez que la vi estaba bailando Paulina M. y fue glorioso verlo en realidad. Porque la primera vez yo casi me pongo a llorar porque vi a la profe Marce. Y esta vez me reí y disfruté tanto de ver a la Paulina, porque baila mal!! es media torpe, de hecho casi se cae como 2 veces (yo me dediqué a observarla porque sé que no la veré nunca más). Y me gustaba sentir que no importaba, que no importaba que no le pusiera tanto color, que ya no es tan musculosa entonces no tenía tanta fuerza en sus movimientos, que se le veía el abdomen con vestigios que alguna vez tuvo un abdomen muy fuerte y tonificado. 
Me gustaba la tensión de sus manitos, me la imaginé en ballet, con las manos como las de Cata, que las tienen como niños chicos, y con los dedos medios tensos. 
Era bello ver bailar un cuerpo como el de ella. 

Y me gustaba mucho que tuvieran que arremangarse sus faldas largas para poder subir a las mesas.

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